Hace unas semanas comentamos sobre nuestra intención de invitar a Erika Irusta del Camino Rubí
a que realizara una serie de talleres en México en los meses de
septiembre y octubre.
Nuestro deseo sigue vivo y consideramos que
tenemos mucho qué compartir y aprender juntas; sin embargo, organizar el
viaje y aprovechar la estancia de Erika al máximo, nos implica más
tiempo del previsto. El buen ánimo y la disposición de hermanas en Cancún, Puebla, Guadalajara, Distrito Federal y nosotras acá en Morelia, nos hizo pensar en la pertinencia de posponer un poco, para que todo se acomode de mejor manera. Queremos que muchas
mujeres se acerquen al conocimiento de su ciclicidad, deseamos que la
información esté disponible y que juntas generemos nuevos modelos para
experimentar nuestro cuerpo y sus ciclos. Por ello, apostamos a la red, a
la actividad conjunta, al diálogo entre muchas, al saber compartido.
Con ese ánimo, hemos decidido posponer unos meses la invitación a Erika,
con la intención de cocinar su viaje a fuego lento, de articular su
visita con otros procesos locales que estamos impulsando y que queremos
ver crecer. Camino Rubí estará por México, invitada por varias
iniciativas hermanas, por ahí del mes de marzo del 2014.
Vamos a tejer
la visita de Erika junto con otras iniciativas que impulsamos de la mano
de la red de Yeztli: Gyn-ecología activa. Muy pronto les tendremos más noticias y los datos precisos sobre las sedes contempladas.
Mientras tanto, les dejamos el link a la charla online "Los beneficios de conocer mi ciclo menstrual", es la primera que escuchamos de Erika, hace ya muchas lunas.
Abrazos!
LCR
La maternidad como acto político
Mi día empezó con un buen sabor de boca. Se cruzó en mi camino un texto sobre la "maternidad como acto político" y me cautivó. Me
gustó por cómo aborda la maternidad y la crianza, así como los nuevos modelos de parto, que parten de una postura que reconoce a la mujer y a su bebé como protagonistas. Creo que el texto inspira a las que somos madres, criar no deja de ser una experiencia íntima, cotidiana, pero también tiene una expresión en otras esferas y espacios, es tan "sencillo" como decidir si criamos hijos/as para que contribuyan a preservar el mundo en el estado actual o no. También me parece que esta postura puede provocar a las mujeres que, al observar el modelo dominante en términos de crianza, se cuestionan si la maternidad es el mejor camino para ellas.
Además, me gustó el texto porque de manera indirecta me llevó a reflexionar sobre los nuevos modelos de menstruar y de asumir el ciclo, que también tienen
una dimensión reflexiva, de conexión con el cuerpo, de autoconocimiento y
apropiación plena...eso es profundamente político y ¡liberador!
Espero que les guste. Si quieren leer el texto original lo encuentran aquí
Abrazos!
Morgana
La maternidad como acto político
Gabriela Boichuk
En
la víspera del día de las madres me propongo reflexionar sobre la
experiencia de la maternidad. Busco distinguir la maternidad como
experiencia -o la experiencia maternal- de la maternidad como
institución y propongo explorar el potencial subversivo de los nuevos
modelos de crianza. Debo decir que estas son algunas reflexiones
preliminares de cara a una mayor problematización y estudio de los
temas.
Rescatar la maternidad como acto político implica tomar control de
nuestro cuerpo y resignificarla. Deconstruir el discurso de la
maternidad permite que se le devuelva a las mujeres el dominio de un
terreno que ha sido controlado por el patriarcado a través de las
políticas del cuerpo femenino promulgadas y promovidas por el Estado. De
igual manera, vivir la maternidad como experiencia y no como
institución conlleva reconocer la diversidad de opciones a la hora de
experimentarla y evitar la imposición de una única manera de ser madre
característica del patriarcado. No existe un único modelo de madre como
tampoco hay un modelo de mujer. Ambos conceptos son plurales y diversos.
Los nuevos modelos de crianza y parto encierran en sí mismos un enorme potencial subversivo. A diferencia de Badinter, quien los ve como nuevas maneras de esclavizar a las mujeres, las
maneras en que las mujeres hemos empezado a parir y a criar suponen
nuevas visiones sobre la maternidad. Estos arquetipos –lejos de
aproximarse a los modelos tradicionales– encarnan la búsqueda de otros
tipos de arreglos políticos basados en el apego, la solidaridad, la
comunidad, la democracia, entre otros.
No en vano han sido atacados tanto desde el Poder como de desde los
espacios de resistencia. Estos últimos temen, principalmente, que los
nuevos modelos impliquen un retroceso en el camino transcurrido por las
mujeres en la lucha por la equidad. Por otro lado, el Poder, si bien
impulsa campañas que promueven la leche materna y el amamantamiento
durante el primer año de vida, no da paso a las nuevas formas de
aproximarse a la crianza y al parto humanizado. Al contrario, promueve
la medicalización del alumbramiento a través del discurso
médico-científico. Igualmente, las compañías de seguros tienen mucho que
ver en el asunto dado que no sólo no reconocen a las parteras como
proveedoras de servicios sino que los obstetras desincentivan los
programas de partos humanizados mediante la restricción de la
información proporcionada y el amedrentamiento de las madres. En
numerosas ocasiones hemos escuchado a alguna mujer relatar algún
incidente con el o la obstetra desencadenado por la solicitud de
información o la presentación de un plan de parto.
Y cuando de información se trata no sólo se ha restringido aquella
relativa a la gestación y el parto sino que, además, el amamantamiento
ha sido un tema tabú durante el pasado siglo. Sin embargo, en los
albores del siglo XXI muchas mujeres hemos decidido rescatar el poder de
amamantar que nos habían arrebatado las grandes corporaciones. Que
quede claro, la decisión de amamantar -o no- es una personalísima que
entraña consideraciones de muchas índoles. Sin embargo, hoy día esa
decisión es una mucho más informada que hace treinta años atrás cuando
las compañías farmacéuticas en consorcio con los médicos promovían su
producto como uno de mayor calidad que la leche materna. La promoción de
la fórmula no estaba basado en las necesidades de las madres sino que
estaba enfocado en la producción de capital para los conglomerados
corporativos que la producían. En mi caso, por ejemplo, cuando decidí
amantar, no sólo sabía los beneficios que tenía para mi hijo sino que,
además, conocía lo provechoso que resultaría para mí y para mi cuerpo.
No obstante, la institución médica fue un gran escollo, empezando por el
momento en que hice la admisión y me presionaron para que firmara la
autorización para darle a Dante sucedáneos de la leche materna: agua con
glucosa y fórmula. Lamentablemente, sólo pude lactar a mi hijo a tiempo
completo los primeros seis meses de vida, no porque lo haya escogido
sino porque cuando regresé a trabajar, luego de tres meses fuera, la
empresa para la cual laboraba no tenía instalaciones adecuadas para
extraerme la leche o lactar a mi bebé como tampoco me proveían el apoyo
necesario para hacerlo.
Por otra parte, la crianza no es una responsabilidad doméstica. Al
contrario, la crianza de un hijo o una hija es el acto más político que
puede emprenderse. Rechazo contundentemente que se ate la crianza a lo
doméstico o al ámbito de lo privado, la crianza es política porque es a
través de ella que podemos sentar las bases para arreglos políticos y
sociales por venir. En ese sentido, la crianza de apego no fomenta una
doble jornada, el problema no es el tipo de crianza que hemos escogido
para nuestros hijos sino los arreglos políticos que rodean a la crianza
en la actualidad. Soy del criterio de que no se debe desincentivar la
lactancia para que las mujeres nos insertemos en el ámbito laboral sino,
más bien, se debe promulgar legislación que brinde a las madres los
apoyos necesarios para que la crianza y el crecimiento profesional no
sean vistos como irreconciliables.
También creo que no debemos caer en la trampa de la sociedad
patriarcal que supone que la crianza de los hijos e hijas debe relegarse
al ámbito de lo doméstico y, en consecuencia, a las mujeres. La
maternidad, como institución, le ha servido bien al estado moderno
porque ha actuado como un dispositivo de control y disciplina del cuerpo
femenino. Sirvió, además, para relegar a las mujeres al ámbito de lo
privado y desanimar su participación en la cosa pública. Los modelos de
crianza tradicionales, autoritarios y disciplinarios, no son otra cosa
que reproductores del orden simbólico patriarcal. No es casual que ante
estos nuevas formas de relacionarnos y criar a nuestros hijos e hijas se
levanten todas las banderas, especialmente las del Poder. Trasladar la
experiencia maternal al ámbito de lo público le devuelve todo el
potencial político del cual la quisieron despojar. Las nuevas formas de
afrontar la maternidad como experiencia no es una vuelta a lo
tradicional. La maternidad como institución parte de supuestos
completamente opuestos a los entendidos que fundamentan las nuevas
maneras democráticas, apoderadas e informadas.
Es por todo ello que entiendo que, como feministas, debemos rescatar
el acto político de parir. Lo anterior no significa que la maternidad se
convierta en una imposición para todas las mujeres. Más bien se trata
de asegurarle a aquellas mujeres que opten por la maternidad el acceso a
la información que le permita decidir apoderadamente y tomar control de
su cuerpo, de su gestación y su parto. Además, entiendo esencial, como
feminista, abogar por un parto humanizado que permitan a la madre y al
hijo vivir esta experiencia de manera pacífica y respetuosa.
En este sentido, este breve escrito no pretende esgrimir
señalamientos morales sobre cómo deberían parir las mujeres. Al
contrario, busca presentar a la maternidad como una experiencia y no
como una institución. En tanto experiencia las mujeres debemos ser
conscientes que podemos vivirla de múltiples maneras y que, en última
instancia, nuestro rol como feministas es luchar para que cada mujer que
decida vivir la experiencia de la maternidad pueda vivirla libre y
apoderadamente. Estoy convencida de que la experiencia maternal puede
ser feminista y apoderada si el proceso de la gestación, el parto, el
postparto y la lactancia caen bajo el control y decisión de las mujeres.
Hasta ahora la maternidad patriarcal ha dominado el escenario y se nos
ha condenado -y obligado- a parir violentamente y a criar
patriarcalmente. Sin embargo, nuevos modelos de nacimiento y crianza
afloran desde el apoderamiento, la agencia, la libertad, la solidaridad y
el control de las mujeres sobre sus cuerpos. Una maternidad apoderada y
feminista es posible.
Finalmente, y a modo de epílogo, diré que desprenderse de las
concepciones que el patriarcado nos ha metido hasta el tuétano de los
huesos en cuanto a las instituciones de la maternidad y de la crianza no
es tarea sencilla. Día a día personalmente batallo por deshacerme de
los modelos autoritarios dentro de los cuales me criaron, del “porque lo
digo yo” y de la imposición de mis tiempos a mi hijo, entre muchas
otras conductas aprendidas. Para ello he escogido como herramienta
fundamental el apego, no porque me hayan impuesto criarlo así, sino
porque yo escogí las coordenadas ideológicas y políticas desde las
cuales lo acompañaré a lo largo de su vida. No fue fácil llegar hasta
aquí y diariamente aprendo cosas nuevas y me arrepiento de alguna que
hice o que no hice pero, sin duda, puedo decir que desde esas
coordenadas busco contribuir al crecimiento de un niño sin prejuicios,
solidario, bondadoso, empático y respetuoso de la diferencia y la
diversidad, sea cual sea el lado en que el que se quiera posicionar. Ese
es mi proyecto como feminista. ¡Gracias Dante!
Cultivando nuestra madre interna
Hace unos días recibí en mi correo un hermoso texto escrito por Bethany Webster y traducido al español por Sophya Style, Mónica Manso e Isabel Villanueva. Comparto el texto con todas ustedes, segura de que servirá para la reflexión sobre la relación que tenemos con nosotras mismas, el amor que podemos procurarnos (o no) y la importancia de que aprendamos a hacernos cargo de nosotras mismas.
Me gustó mucho, espero que lo disfruten.
Abrazos de luna llena,
Morgana
“La importancia de la Madre Interna: El Duelo por lo Imperfecto, el encuentro con lo Incondicional”
Bethany Webster es escritora y facilitadora y vive en el oeste de Massachusetts. Actualmente está trabajando en su primer libro, La matriz de luz: El poder de la Menstruación consciente. Facilita en colaboración un taller llamado “Sanando la herida de la madre” puedes visitar sus blogs en: http://womboflight.com y http://embraceofbeing.com.
Me gustó mucho, espero que lo disfruten.
Abrazos de luna llena,
Morgana
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“La importancia de la Madre Interna: El Duelo por lo Imperfecto, el encuentro con lo Incondicional”
Si pensamos en nuestro desarrollo personal, la relación con nuestra
madre sirve como patrón para la relación con nosotras mismas. Como hijas, absorbimos de nuestra madre información sobre lo que sentía
hacía ella misma, lo que sentía hacia nosotras, y lo que sentía hacia el
mundo.
Aprendimos a tratarnos de la misma manera que nuestra madre se trató a ella misma.
Nuestra tarea como mujeres conscientes radica en transformar la madre
interna dentro de nuestra psique creada a partir de nuestra madre
biológica con sus limitaciones humanas en la madre que siempre
necesitábamos y queríamos.
Podemos convertirnos en la madre que siempre queríamos –hacia nosotras mismas.
De esta manera, somos capaces de aceptar las limitaciones de nuestra
madre externa, porque nuestra madre interna se convierte en la madre
primaria con la que podemos contar, de formas en que quizás nunca hemos
podido contar con nuestra madre externa.
Nuestra madre sólo podía amarnos de la manera que podía amarse a ella misma.
En un momento dado, debemos enfrentar el hecho de que nuestra madre no
pudo y no va a poder satisfacer nuestras necesidades de la manera que
necesitábamos y queríamos. Esto significa pasar por un proceso de duelo.
Un duelo por la forma en que tuvimos de compensar y sufrir la herida
materna.
En el proceso de duelo, tenemos la oportunidad de darnos cuenta del
hecho de que si nos sentimos amadas o abandonadas no fue por nuestra
culpa. Sólo entonces podemos abandonar la lucha para demostrar nuestra
valía en el mundo. En el proceso de duelo, también podemos tener
compasión por nuestra madre y la carga que llevaba.
Al sanar tu madre interna, transformas tu vida más allá de lo que puedas imaginar.
Al confrontar este dolor, podemos darnos cuenta de que lo que pensábamos
que era nuestro dolor es en realidad parte del dolor de nuestra madre
que nosotras hemos llevado por amor. Ahora podemos elegir dejar esta
carga. De esta manera, en lugar de atenuar nuestro sentimiento de culpa,
podremos sentir la confianza en nuestros cuerpos y en nuestros
corazones para así desarrollar un sentido de auténtica plenitud y amor
propio.
Al convertirnos en la madre "suficientemente buena" para
nosotras mismas, nos liberamos no sólo a nosotras mismas, sino también a
todos aquellos que conforman nuestra vida.
Es un reto reconocer ante nosotras de que manera no fuimos amadas en
nuestra relación con nuestra madre. Al recordar y ver lo cargada y
abrumada que estaba pudimos pensar que éramos la fuente de su dolor.
Esta "hija culpable" puede mantenernos estancadas. Una forma de liberar
nuestra culpa es reconociendo la inocencia y legitimidad de nuestras
necesidades infantiles. Es una forma de liberarnos de la vergüenza y
bautizarnos a nosotras mismas en nuestra bondad y divinidad.
Una vez hemos atravesado el duelo por nosotras mismas, entonces podemos
comenzar el duelo por nuestras madres y por todas las mujeres.
El duelo nos repone y nos fortalece.
Como mujeres, podemos sanar y darnos lo que nuestras madres no nos
podían dar. Podemos convertirnos en nuestra propia fuente. El “dolor
corporal” del colectivo femenino es sanado una a una. Y a medida que el dolor corporal femenino se cura, lo mismo ocurre con el dolor de la comunidad humana. Nuestra propia sanación no es sólo un regalo para nosotras mismas, también lo es para el mundo.
La herida de la madre es una gran oportunidad.
Conforme nos permitimos contactar con lo que se siente como un hambre
antigua, inagotable para una madre inagotable, nos damos a luz a
nosotras mismas en nuestra verdadera identidad – la matriz de luz- una
fuente inagotable, desbordante de amor y abundancia que no depende de
las circunstancias o condiciones. Entonces podemos vivir al servicio de
lo que realmente somos- el amor mismo.
Bethany Webster es escritora y facilitadora y vive en el oeste de Massachusetts. Actualmente está trabajando en su primer libro, La matriz de luz: El poder de la Menstruación consciente. Facilita en colaboración un taller llamado “Sanando la herida de la madre” puedes visitar sus blogs en: http://womboflight.com y http://embraceofbeing.com.
NOTA: La imagen la descargué de internet, no tenía crédito. Si alguien sabe el nombre de la persona que la realizó, por favor dejen los datos en un comentario para dar el crédito correspondiente.
Habitar el cuerpo de mujer
Hola
hola!
Un
poco tarde, pero aquí les dejo los testimonios de la luna de marzo (que ya está
menguando)
En esta ocasión, decidimos reflexionar sobre la forma en que habitamos nuestros cuerpos de mujer. Parece un tema sencillo, pero implica, entre otras cosas, la aceptación del mismo, el autocuidado, sin censurarnos, sintiendo sus necesidades, que al fin de cuentas son nuestras.
La idea central del testimonio fue reflexionar sobre el conocimiento que hemos acumulado desde que
comenzamos a observar nuestros cuerpos y ser conscientes del ciclo y sus
fases. Reconocernos cambiantes, cíclicas
y con necesidades específicas en cada una de las fases ha sido para algunas de
nosotras una aventura pero ¿qué hacemos con esto? ¿por qué tendría que ser
político? Pienso que es político porque, en la medida en que al reconocernos
cíclicas y cambiantes, tarea que resulta demandante, nos relacionamos con
nuestro entorno de otra forma, sobre todo cuando reconocemos que las
necesidades del cuerpo son nuestras, somos mente/cuerpo de mujer.
Pensarnos y actuar como una unidad y no
como partes de algo/alguien resulta contestatario para con el pensamiento
patriarcal que divide la mente del cuerpo.
Christiane Northrup en su libro "Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer", nos
dice que al vivir en la cultura occidental, somos susceptibles a una
representación del cuerpo en la que la mente y el cuerpo se encuentran
disociados. La mente se sobrevalora, se considerada superior al
cuerpo y con la capacidad de controlar. El cuerpo por lo tanto, se subordina a
la mente. Como esta representación del cuerpo permea en todos los aspectos de
la vida, pareciera que tenemos un cuerpo, no que somos un cuerpo. Y ¿qué pasa
con los cuerpos femeninos? “[Éstos] relacionados con ciclos y sujetos la flujo
y reflujo de ritmos naturales, se consideran especialmente emotivos y en
necesidad de control. Toda nuestra sociedad funciona de maneras que nos
mantienen desconectadas de lo que sabemos y sentimos” (Northrup: 2006:55).
En la editorial de revista
electrónica Mujer y Salud, número 24, 2008, Corina Hourcade Bellocq, menciona
que una de las consecuencias de que las mujeres existamos con la noción de un
cuerpo fragmentado, un ideal de belleza prácticamente inalcanzable para la
mayoría de las mujeres es que “la mujer aliena y reprime las partes que
considera o evalúa como negativas o desagradables. El cuerpo aparece como
“ajeno” a ellas mismas”. Es decir, nos auto anulamos. ¿qué hacer para
recuperarnos?
En diversos recursos on-line Erika Irusta, propone que el
punto de partida sea el reconocimiento de que somos mente/cuerpo, que, como dice ella, somos “al
menos cuatro mujeres en una”, asociadas a las cuatro fases del ciclo menstrual,
cada una con necesidades y capacidades distintas. Esto es parte
de lo que reflexionó y posteó en el día internacional de la mujer:
“Yo reivindico tomar un
descanso (o dos o tres o cuatro)
cuando nuestro cuerpo (nosotras) lo pida. Apoyarnos entre nosotras y reformular el calendario y sus horarios.
No descansamos porque estemos enfermas (la menstruación es síntoma de salud)
sino porque nuestro cuerpo así lo dicta. Nosotras si descuidamos el descanso en esta fase estamos atentando
contra nuestra salud física, emocional y mental. Esto que
muchas reclamamos no es una utopía, en la China Popular por ley se marcaban 2
días de descanso para cada mujer en cada ciclo. Hasta los años 80 ha estado
vigente, con la llegada del capitalismo esto ya ha cambiado. No podemos hablar de acabar con el patriarcado si seguimos
sacrificando nuestro cuerpo cíclico. El sistema laboral nos
pide que anulemos nuestros ciclos sexuales (ciclo menstrual- menopausia y
maternidad) para que nos entreguemos a la producción de bienes y servicios”.
Al respecto, estos son fragmentos de lo que las chicas de la Carpa Roja escribieron:
"nunca
me había parado a pensar en eso, pero sí es cierto que el lenguaje que siempre
he usado respecto al cuerpo incluye más el verbo tener que el ser, supongo que
nunca he querido sentirme demasiado identificada con mi cuerpo" Paqui
"poco a poco fui
tratando de romper con esas normas que se imponían sobre mi cuerpo y el de las
demás mujeres. Afortunadamente mi entorno favorecía la ruptura, estudiaba en
una universidad famosa por sus estudiantes rebeldes a las imposiciones
estéticas, políticas, sociales y eso fue muy liberador. En ese contexto, en mis
relaciones con otras mujeres y sobre todo con los varones nunca me sentí agredida, ni que mi cuerpo
fuera objeto de vigilancia, juicios, o
exigencias de ningún tipo" Erika
"La
demanda de productividad -muchas veces atribuida externamente, otras veces
autoimpuesta- y el trabajo hacia “afuera” significa un peso muy importante
sobre mí y la forma como estructuro mi agenda y prioridades. Además, a veces
parece más sencillo dar batallas en el exterior que trabajar en una misma; remendar
hacia afuera es una buena manera de postergar el remiendo interno" Mar
"Escribiendo
estas líneas me he dado cuenta que a lo largo de toda mi vida, he preferido mi
mente sobre mi cuerpo. Me sentía segura cultivando la mente, me refugiaba en
mis libros, en mis clases, en mis ensayos, en mis tesis. Me impresiona
reconocer que me he sentido fragmentada, que me he vivido disociada, que me
rechazaba, que no atendía mis necesidades físicas" Denisse
Ustedes lectoras, ¿se animan a reflexionar? Las preguntas guía fueron estas:
- ¿Cómo ha sido mi concepción
personal del cuerpo en distintos momentos de mi vida? ¿soy un cuerpo o tengo un
cuerpo?
- ¿Cómo atiendo mis necesidades y
exploto mis capacidades en cada fase?
- ¿Cómo es mi entorno inmediato?
- ¿Cuáles son las limitaciones que
impone mi entorno inmediato?
- ¿Qué batallas tendría que librar
desde mi cuerpo cíclico y en mi entorno en específico?
Para leer los testimonios completos click aquí
Abrazos de primavera!
Inés do Mar
"Mi cuerpo es más sabio": una historia de parto en casa.
Queridas lectoras de La Carpa Roja:
La
dinámica de los testimonios ha cambiado un poco con el objetivo de incluir
experiencias de otras mujeres. El propósito sigue siendo reflexionar
desde la experiencia personal sobre salud sexual, reproductiva, etc. que sean de interés común. A partir de esta
luna, los testimonios irán intercalados: presentaremos experiencias de mujeres que no forman parte de LCR un
mes y el siguiente serán los testimonios de las integrantes de la carpa roja, así sucesivamente.
En esta
ocasión les presento la historia de Ana, una de mis más queridas amigas, quien hace poco más de un año vivió la experiencia de parir en casa. Luego de
un embarazo sin complicaciones, Felipito nació en casa. La historia de cómo bebé colibrí llegó al mundo me emocionó de sobremanera por tratarse de la experiencia
de una entrañable amiga, pero también me hizo reflexionar sobre la necesidad que tenemos
las mujeres de [re]tomar el control de nuestros cuerpos, de reivindicar el
embarazo y el parto.
Para escribir su testimonio le hice muchas preguntas, pienso que vale la pena reflexionar sobre éstas:
¿Cómo tomaron la decisión de que el bebé naciera en casa?
¿Cómo participó tu pareja?
¿Qué opinaron sus madres al respecto?
¿Cómo se sienten después de haber parido en casa?
Esto es parte de lo que ella respondió:
Parir
en casa te da libertad y seguridad. Si tú ves a las hembras que van a parir,
ellas se quieren recluir y buscar un lugar donde estén tranquilas y seguras... así
pues con nosotras, quieres estar en un ambiente en el que sabes que las
personas que están alrededor tuyo te van a cuidar y sentirte querida y libre. Si
mi segundo embarazo es normal (el 95% lo son), lo tendremos otra vez en casa.
¿Ustedes qué piensan?
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