El Camino Rubí en México

Hace unas semanas comentamos sobre nuestra intención de invitar a Erika Irusta del Camino Rubí a que realizara una serie de talleres en México en los meses de septiembre y octubre.

Nuestro deseo sigue vivo y consideramos que tenemos mucho qué compartir y aprender juntas; sin embargo, organizar el viaje y aprovechar la estancia de Erika al máximo, nos implica más tiempo del previsto. El buen ánimo y la disposición de hermanas en Cancún, Puebla, Guadalajara, Distrito Federal y nosotras acá en Morelia, nos hizo pensar en la pertinencia de posponer un poco, para que todo se acomode de mejor manera. Queremos que muchas mujeres se acerquen al conocimiento de su ciclicidad, deseamos que la información esté disponible y que juntas generemos nuevos modelos para experimentar nuestro cuerpo y sus ciclos. Por ello, apostamos a la red, a la actividad conjunta, al diálogo entre muchas, al saber compartido.

Con ese ánimo, hemos decidido posponer unos meses la invitación a Erika, con la intención de cocinar su viaje a fuego lento, de articular su visita con otros procesos locales que estamos impulsando y que queremos ver crecer. Camino Rubí estará por México, invitada por varias iniciativas hermanas, por ahí del mes de marzo del 2014. 

Vamos a tejer la visita de Erika junto con otras iniciativas que impulsamos de la mano de la red de Yeztli: Gyn-ecología activa. Muy pronto les tendremos más noticias y los datos precisos sobre las sedes contempladas.

Mientras tanto, les dejamos el link a la charla online "Los beneficios de conocer mi ciclo menstrual", es la primera que escuchamos de Erika, hace ya muchas lunas.

 

Abrazos!
LCR 

La maternidad como acto político

Mi día empezó con un buen sabor de boca. Se cruzó en mi camino un texto sobre la "maternidad como acto político" y me cautivó. Me gustó por cómo aborda la maternidad y la crianza, así como los nuevos modelos de parto, que parten de una postura que reconoce a la mujer y a su bebé como protagonistas. Creo que el texto inspira a las que somos madres, criar no deja de ser una experiencia íntima, cotidiana, pero también tiene una expresión en otras esferas y espacios, es tan "sencillo" como decidir si criamos hijos/as para que contribuyan a preservar el mundo en el estado actual o no. También me parece que esta postura puede provocar a las mujeres que, al observar el modelo dominante en términos de crianza, se cuestionan si la maternidad es el mejor camino para ellas. 

Además, me gustó el texto porque de manera indirecta me llevó a reflexionar sobre los nuevos modelos de menstruar y de asumir el ciclo, que también tienen una dimensión reflexiva, de conexión con el cuerpo, de autoconocimiento y apropiación plena...eso es profundamente político y ¡liberador!

Espero que les guste. Si quieren leer el texto original lo encuentran aquí 

Abrazos!

Morgana




La maternidad como acto político
Gabriela Boichuk
En la víspera del día de las madres me propongo reflexionar sobre la experiencia de la maternidad. Busco distinguir la maternidad como experiencia -o la experiencia maternal- de la maternidad como institución y propongo explorar el potencial subversivo de los nuevos modelos de crianza. Debo decir que estas son algunas reflexiones preliminares de cara a una mayor problematización y estudio de los temas.
Rescatar la maternidad como acto político implica tomar control de nuestro cuerpo y resignificarla. Deconstruir el discurso de la maternidad permite que se le devuelva a las mujeres el dominio de un terreno que ha sido controlado por el patriarcado a través de las políticas del cuerpo femenino promulgadas y promovidas por el Estado. De igual manera, vivir la maternidad como experiencia y no como institución conlleva reconocer la diversidad de opciones a la hora de experimentarla y evitar la imposición de una única manera de ser madre característica del patriarcado. No existe un único modelo de madre como tampoco hay un modelo de mujer. Ambos conceptos son plurales y diversos.
Los nuevos modelos de crianza y parto encierran en sí mismos un enorme potencial subversivo. A diferencia de Badinter, quien los ve como nuevas maneras de esclavizar a las mujeres, las maneras en que las mujeres hemos empezado a parir y a criar suponen nuevas visiones sobre la maternidad. Estos arquetipos –lejos de aproximarse a los modelos tradicionales– encarnan la búsqueda de otros tipos de arreglos políticos basados en el apego, la solidaridad, la comunidad, la democracia, entre otros.
No en vano han sido atacados tanto desde el Poder como de desde los espacios de resistencia. Estos últimos temen, principalmente, que los nuevos modelos impliquen un retroceso en el camino transcurrido por las mujeres en la lucha por la equidad.  Por otro lado, el Poder, si bien impulsa campañas que promueven la leche materna y el amamantamiento durante el primer año de vida, no da paso a las nuevas formas de aproximarse a la crianza y al parto humanizado. Al contrario, promueve la medicalización del alumbramiento a través del discurso médico-científico. Igualmente, las compañías de seguros tienen mucho que ver en el asunto dado que no sólo no reconocen a las parteras como proveedoras de servicios sino que los obstetras desincentivan los programas de partos humanizados mediante la restricción de la información proporcionada y el amedrentamiento de las madres. En numerosas ocasiones hemos escuchado a alguna mujer relatar algún incidente con el o la obstetra desencadenado por la solicitud de información o la presentación de un plan de parto.
Y cuando de información se trata no sólo se ha restringido aquella relativa a la gestación y el parto sino que, además, el amamantamiento ha sido un tema tabú durante el pasado siglo. Sin embargo, en los albores del siglo XXI muchas mujeres hemos decidido rescatar el poder de amamantar que nos habían arrebatado las grandes corporaciones. Que quede claro, la decisión de amamantar -o no- es una personalísima que entraña consideraciones de muchas índoles. Sin embargo, hoy día esa decisión es una mucho más informada que hace treinta años atrás cuando las compañías farmacéuticas en consorcio con los médicos promovían su producto como uno de mayor calidad que la leche materna. La promoción de la fórmula no estaba basado en las necesidades de las madres sino que estaba enfocado en la producción de capital para los conglomerados corporativos que la producían. En mi caso, por ejemplo, cuando decidí amantar, no sólo sabía los beneficios que tenía para mi hijo sino que, además, conocía lo provechoso que resultaría para mí y para mi cuerpo. No obstante, la institución médica fue un gran escollo, empezando por el momento en que hice la admisión y me presionaron para que firmara la autorización para darle a Dante sucedáneos de la leche materna: agua con glucosa y fórmula. Lamentablemente, sólo pude lactar a mi hijo a tiempo completo los primeros seis meses de vida, no porque lo haya escogido sino porque cuando regresé a trabajar, luego de tres meses fuera, la empresa para la cual laboraba no tenía instalaciones adecuadas para extraerme la leche o lactar a mi bebé como tampoco me proveían el apoyo necesario para hacerlo.
Por otra parte, la crianza no es una responsabilidad doméstica. Al contrario, la crianza de un hijo o una hija es el acto más político que puede emprenderse. Rechazo contundentemente que se ate la crianza a lo doméstico o al ámbito de lo privado, la crianza es política porque es a través de ella que podemos sentar las bases para arreglos políticos y sociales por venir. En ese sentido, la crianza de apego no fomenta una doble jornada, el problema no es el tipo de crianza que hemos escogido para nuestros hijos sino los arreglos políticos que rodean a la crianza en la actualidad. Soy del criterio de que no se debe desincentivar la lactancia para que las mujeres nos insertemos en el ámbito laboral sino, más bien, se debe promulgar legislación que brinde a las madres los apoyos necesarios para que la crianza y el crecimiento profesional no sean vistos como irreconciliables.
También creo que no debemos caer en la trampa de la sociedad patriarcal que supone que la crianza de los hijos e hijas debe relegarse al ámbito de lo doméstico y, en consecuencia, a las mujeres. La maternidad, como institución, le ha servido bien al estado moderno porque ha actuado como un dispositivo de control y disciplina del cuerpo femenino. Sirvió, además, para relegar a las mujeres al ámbito de lo privado y desanimar su participación en la cosa pública. Los modelos de crianza tradicionales, autoritarios y disciplinarios, no son otra cosa que reproductores del orden simbólico patriarcal. No es casual que ante estos nuevas formas de relacionarnos y criar a nuestros hijos e hijas se levanten todas las banderas, especialmente las del Poder. Trasladar la experiencia maternal al ámbito de lo público le devuelve todo el potencial político del cual la quisieron despojar. Las nuevas formas de afrontar la maternidad como experiencia no es una vuelta a lo tradicional. La maternidad como institución parte de supuestos completamente opuestos a los entendidos que fundamentan las nuevas maneras democráticas, apoderadas e informadas.
Es por todo ello que entiendo que, como feministas, debemos rescatar el acto político de parir. Lo anterior no significa que la maternidad se convierta en una imposición para todas las mujeres. Más bien se trata de asegurarle a aquellas mujeres que opten por la maternidad el acceso a la información que le permita decidir apoderadamente y tomar control de su cuerpo, de su gestación y su parto. Además, entiendo esencial, como feminista, abogar por un parto humanizado que permitan a la madre y al hijo vivir esta experiencia de manera pacífica y respetuosa.
En este sentido, este breve escrito no pretende esgrimir señalamientos morales sobre cómo deberían parir las mujeres. Al contrario, busca presentar a la maternidad como una experiencia y no como una institución. En tanto experiencia las mujeres debemos ser conscientes que podemos vivirla de múltiples maneras y que, en última instancia, nuestro rol como feministas es luchar para que cada mujer que decida vivir la experiencia de la maternidad pueda vivirla libre y apoderadamente. Estoy convencida de que la experiencia maternal puede ser feminista y apoderada si el proceso de la gestación, el parto, el postparto y la lactancia caen bajo el control y decisión de las mujeres. Hasta ahora la maternidad patriarcal ha dominado el escenario y se nos ha condenado -y obligado- a parir violentamente y a criar patriarcalmente. Sin embargo, nuevos modelos de nacimiento y crianza afloran desde el apoderamiento, la agencia, la libertad, la solidaridad y el control de las mujeres sobre sus cuerpos. Una maternidad apoderada y feminista es posible.
Finalmente, y a modo de epílogo, diré que desprenderse de las concepciones que el patriarcado nos ha metido hasta el tuétano de los huesos en cuanto a las instituciones de la maternidad y de la crianza no es tarea sencilla. Día a día personalmente batallo por deshacerme de los modelos autoritarios dentro de los cuales me criaron, del “porque lo digo yo” y de la imposición de mis tiempos a mi hijo, entre muchas otras conductas aprendidas. Para ello he escogido como herramienta fundamental el apego, no porque me hayan impuesto criarlo así, sino porque yo escogí las coordenadas ideológicas y políticas desde las cuales lo acompañaré a lo largo de su vida. No fue fácil llegar hasta aquí y diariamente aprendo cosas nuevas y me arrepiento de alguna que hice o que no hice pero, sin duda, puedo decir que desde esas coordenadas busco contribuir al crecimiento de un niño sin prejuicios, solidario, bondadoso, empático y respetuoso de la diferencia y la diversidad, sea cual sea el lado en que el que se quiera posicionar. Ese es mi proyecto como feminista. ¡Gracias Dante!

Cultivando nuestra madre interna

Hace unos días recibí en mi correo un hermoso texto escrito por Bethany Webster y traducido al español por Sophya Style, Mónica Manso e Isabel Villanueva. Comparto el texto con todas ustedes, segura de que servirá para la reflexión sobre la relación que tenemos con nosotras mismas, el amor que podemos procurarnos (o no) y la importancia de que aprendamos a hacernos cargo de nosotras mismas. 

Me gustó mucho, espero que lo disfruten.


Abrazos de luna llena,

Morgana




“La importancia de la Madre Interna: El Duelo por lo Imperfecto, el encuentro con lo Incondicional” 

Si pensamos en nuestro desarrollo personal, la relación con nuestra madre sirve como patrón para la relación con nosotras mismas. Como hijas, absorbimos de nuestra madre información sobre lo que sentía hacía ella misma, lo que sentía hacia nosotras, y lo que sentía hacia el mundo.

Aprendimos a tratarnos de la misma manera que nuestra madre se trató a ella misma.

Nuestra tarea como mujeres conscientes radica en transformar la madre interna dentro de nuestra psique creada a partir de nuestra madre biológica con sus limitaciones humanas en la madre que siempre necesitábamos y queríamos.

Podemos convertirnos en la madre que siempre queríamos  –hacia nosotras mismas.

De esta manera, somos capaces de aceptar las limitaciones de nuestra madre externa, porque nuestra madre interna se convierte en la madre primaria con la que podemos contar, de formas en que quizás nunca hemos podido contar con nuestra madre externa.

Nuestra madre sólo podía amarnos de la manera que podía amarse a ella misma.

En un momento dado, debemos enfrentar el hecho de que nuestra madre no pudo y no va a poder satisfacer nuestras necesidades de la manera que necesitábamos y queríamos. Esto significa pasar por un proceso de duelo. Un duelo por la forma en que tuvimos de compensar y sufrir la herida materna.
 
En el proceso de duelo, tenemos la oportunidad de darnos cuenta del hecho de que si nos sentimos amadas o abandonadas no fue por nuestra culpa. Sólo entonces podemos abandonar la lucha para demostrar nuestra valía en el mundo. En el proceso de duelo, también podemos tener compasión por nuestra madre y la carga que llevaba.
 
Al sanar tu madre interna, transformas tu vida más allá de lo que puedas imaginar.

Al confrontar este dolor, podemos darnos cuenta de que lo que pensábamos que era nuestro dolor es en realidad parte del dolor de nuestra madre que nosotras hemos llevado por amor. Ahora podemos elegir dejar esta carga. De esta manera, en lugar de atenuar nuestro sentimiento de culpa, podremos sentir la confianza en nuestros cuerpos y en nuestros corazones para así desarrollar un sentido de auténtica plenitud y amor propio.
 
Al convertirnos en la madre "suficientemente buena" para nosotras mismas, nos liberamos no sólo a nosotras mismas, sino también a todos aquellos que conforman nuestra vida.
 
Es un reto reconocer ante nosotras de que manera no fuimos amadas en nuestra relación con nuestra madre. Al recordar y ver lo cargada y abrumada que estaba pudimos pensar que éramos la fuente de su dolor. Esta "hija culpable" puede mantenernos estancadas. Una forma de liberar nuestra culpa es reconociendo la inocencia y legitimidad de nuestras necesidades infantiles. Es una forma de liberarnos de la vergüenza y bautizarnos a nosotras mismas en nuestra bondad y divinidad.
 
Una vez hemos atravesado el duelo por nosotras mismas, entonces podemos comenzar el duelo por nuestras madres y por todas las mujeres.
 
El duelo nos repone y nos fortalece.
 
Como mujeres, podemos sanar y darnos lo que nuestras madres no nos podían dar. Podemos convertirnos en nuestra propia fuente. El “dolor corporal” del colectivo femenino es sanado una a una. Y a medida que el dolor corporal femenino se cura, lo mismo ocurre con el dolor de la comunidad humana. Nuestra propia sanación no es sólo un regalo para nosotras mismas, también lo es para el mundo.
 
La herida de la madre es una gran oportunidad.
 
Conforme nos permitimos contactar con lo que se siente como un hambre antigua, inagotable para una madre inagotable, nos damos a luz a nosotras mismas en nuestra verdadera identidad – la matriz de luz- una fuente inagotable, desbordante de amor y abundancia que no depende de las circunstancias o condiciones. Entonces podemos vivir al servicio de lo que realmente somos- el amor mismo.
 
Bethany Webster es escritora y facilitadora y vive en el oeste de Massachusetts. Actualmente está trabajando en su primer libro, La matriz de luz: El poder de la Menstruación consciente. Facilita en colaboración un taller llamado “Sanando la herida de la madre” puedes visitar sus blogs en: http://womboflight.com y http://embraceofbeing.com.

NOTA: La imagen la descargué de internet, no tenía crédito. Si alguien sabe el nombre de la persona que la realizó, por favor dejen los datos en un comentario para dar el crédito correspondiente.

Habitar el cuerpo de mujer


Hola hola!


Un poco tarde, pero aquí les dejo los testimonios de la luna de marzo (que ya está menguando)
En esta ocasión, decidimos reflexionar sobre la forma en que habitamos nuestros cuerpos de mujer. Parece un tema sencillo, pero implica, entre otras cosas, la aceptación del mismo, el autocuidado, sin censurarnos, sintiendo sus necesidades, que al fin de cuentas son nuestras. 


La idea central del testimonio fue reflexionar sobre el conocimiento que hemos acumulado desde que comenzamos a observar nuestros cuerpos y ser conscientes del ciclo y sus fases.  Reconocernos cambiantes, cíclicas y con necesidades específicas en cada una de las fases ha sido para algunas de nosotras una aventura pero ¿qué hacemos con esto? ¿por qué tendría que ser político? Pienso que es político porque, en la medida en que al reconocernos cíclicas y cambiantes, tarea que resulta demandante, nos relacionamos con nuestro entorno de otra forma, sobre todo cuando reconocemos que las necesidades del cuerpo son nuestras, somos mente/cuerpo de mujer. Pensarnos  y actuar como una unidad y no como partes de algo/alguien resulta contestatario para con el pensamiento patriarcal que divide la mente del cuerpo.

Christiane Northrup en su libro "Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer", nos dice que al vivir en la cultura occidental, somos susceptibles a una representación del cuerpo en la que la mente y el cuerpo se encuentran disociados.  La mente se  sobrevalora, se considerada superior al cuerpo y con la capacidad de controlar. El cuerpo por lo tanto, se subordina a la mente. Como esta representación del cuerpo permea en todos los aspectos de la vida, pareciera que tenemos un cuerpo, no que somos un cuerpo. Y ¿qué pasa con los cuerpos femeninos? “[Éstos] relacionados con ciclos y sujetos la flujo y reflujo de ritmos naturales, se consideran especialmente emotivos y en necesidad de control. Toda nuestra sociedad funciona de maneras que nos mantienen desconectadas de lo que sabemos y sentimos” (Northrup: 2006:55).

En la editorial de revista electrónica Mujer y Salud, número 24, 2008, Corina Hourcade Bellocq, menciona que una de las consecuencias de que las mujeres existamos con la noción de un cuerpo fragmentado, un ideal de belleza prácticamente inalcanzable para la mayoría de las mujeres es que “la mujer aliena y reprime las partes que considera o evalúa como negativas o desagradables. El cuerpo aparece como “ajeno” a ellas mismas”. Es decir, nos auto anulamos. ¿qué hacer para recuperarnos?

En diversos recursos on-line Erika Irusta, propone que el punto de partida sea el reconocimiento de que somos mente/cuerpo, que, como dice ella, somos “al menos cuatro mujeres en una”, asociadas a las cuatro fases del ciclo menstrual, cada una con necesidades y capacidades distintas. Esto es parte de lo que reflexionó y posteó en el día internacional de la mujer:

Yo reivindico tomar un descanso (o dos o tres o cuatro) cuando nuestro cuerpo (nosotras) lo pida. Apoyarnos entre nosotras y reformular el calendario y sus horarios. No descansamos porque estemos enfermas (la menstruación es síntoma de salud) sino porque nuestro cuerpo así lo dicta. Nosotras si descuidamos el descanso en esta fase estamos atentando contra nuestra salud física, emocional y mental. Esto que muchas reclamamos no es una utopía, en la China Popular por ley se marcaban 2 días de descanso para cada mujer en cada ciclo. Hasta los años 80 ha estado vigente, con la llegada del capitalismo esto ya ha cambiado. No podemos hablar de acabar con el patriarcado si seguimos sacrificando nuestro cuerpo cíclico. El sistema laboral nos pide que anulemos nuestros ciclos sexuales (ciclo menstrual- menopausia y maternidad) para que nos entreguemos a la producción de bienes y servicios”.

Al respecto,  estos son fragmentos de lo que las chicas de la Carpa Roja escribieron: 

"nunca me había parado a pensar en eso, pero sí es cierto que el lenguaje que siempre he usado respecto al cuerpo incluye más el verbo tener que el ser, supongo que nunca he querido sentirme demasiado identificada con mi cuerpo" Paqui

"poco a poco fui tratando de romper con esas normas que se imponían sobre mi cuerpo y el de las demás mujeres. Afortunadamente mi entorno favorecía la ruptura, estudiaba en una universidad famosa por sus estudiantes rebeldes a las imposiciones estéticas, políticas, sociales y eso fue muy liberador. En ese contexto, en mis relaciones con otras mujeres y sobre todo con los varones  nunca me sentí agredida, ni que mi cuerpo fuera objeto de vigilancia,  juicios, o exigencias de ningún tipo" Erika

"La demanda de productividad -muchas veces atribuida externamente, otras veces autoimpuesta- y el trabajo hacia “afuera” significa un peso muy importante sobre mí y la forma como estructuro mi agenda y prioridades. Además, a veces parece más sencillo dar batallas en el exterior que trabajar en una misma; remendar hacia afuera es una buena manera de postergar el remiendo interno" Mar

"Escribiendo estas líneas me he dado cuenta que a lo largo de toda mi vida, he preferido mi mente sobre mi cuerpo. Me sentía segura cultivando la mente, me refugiaba en mis libros, en mis clases, en mis ensayos, en mis tesis. Me impresiona reconocer que me he sentido fragmentada, que me he vivido disociada, que me rechazaba, que no atendía mis necesidades físicas" Denisse



Ustedes lectoras, ¿se animan a reflexionar? Las preguntas guía fueron estas:

  • ¿Cómo ha sido mi concepción personal del cuerpo en distintos momentos de mi vida? ¿soy un cuerpo o tengo un cuerpo?
  • ¿Cómo atiendo mis necesidades y exploto mis capacidades en cada fase?
  • ¿Cómo es mi entorno inmediato?
  • ¿Cuáles son las limitaciones que impone mi entorno inmediato?
  • ¿Qué batallas tendría que librar desde mi cuerpo cíclico y en mi entorno en específico?

Para leer los testimonios completos click aquí

Abrazos de primavera!

Inés do Mar

"Mi cuerpo es más sabio": una historia de parto en casa.

Queridas lectoras de La Carpa Roja:

La dinámica de los testimonios ha cambiado un poco con el objetivo de incluir experiencias de otras mujeres.  El propósito sigue siendo reflexionar desde la experiencia personal sobre salud sexual, reproductiva, etc. que sean de interés común.  A partir de esta luna, los testimonios irán intercalados: presentaremos experiencias de mujeres que no forman parte de LCR un mes y el siguiente serán los testimonios de las integrantes de la carpa roja, así sucesivamente.
En esta ocasión les presento la historia de Ana, una de mis más queridas amigas, quien hace poco más de un año vivió la experiencia de parir en casa. Luego de un embarazo sin complicaciones, Felipito nació en casa. La historia de cómo bebé colibrí llegó al mundo me emocionó de sobremanera por tratarse de la experiencia de una entrañable amiga, pero también me hizo reflexionar sobre la necesidad que tenemos las mujeres de [re]tomar el control de nuestros cuerpos, de reivindicar el embarazo y el parto.

Para escribir su testimonio le hice muchas preguntas, pienso que vale la pena reflexionar sobre éstas:

¿Cómo tomaron la decisión de que el bebé naciera en casa?

¿Cómo participó tu pareja?

¿Qué opinaron sus madres al respecto?

¿Cómo se sienten después de haber parido en casa?

Esto es parte de lo que ella respondió: 

Parir en casa te da libertad y seguridad. Si tú ves a las hembras que van a parir, ellas se quieren recluir y buscar un lugar donde estén tranquilas y seguras... así pues con nosotras, quieres estar en un ambiente en el que sabes que las personas que están alrededor tuyo te van a cuidar y sentirte querida y libre. Si mi segundo embarazo es normal (el 95% lo son), lo tendremos otra vez en casa.

¿Ustedes qué piensan?
Con mucha emoción les presento la historia de Ana

abrazos lunares, 

Inés do Mar